Depresión Sonora: La guía de una generación sin voz

El proyecto liderado por el madrileño Marcos Crespo brindó un show oscuro y angustiantemente bailable ante un público entregado a lo nuevo.

¿Qué lugar hay para la ansiedad y la depresión en la cultura mediterránea? Me lo pregunto desde que llegué a Valencia y empecé a sentir que el estilo de vida de jolgorio, birras en terrazas, playa y jarana impera en su gran mayoría. 

Es que las características del entorno -que invitan a la vida exterior y a recibir el sol en la cara- parecen, a priori, encerrar la negación de la depresión, el bajón y la incertidumbre ante un mundo que se derrumba. Hasta que llega Depresión Sonora y logra habilitar ese espacio conceptual que faltaba, en una de las fechas más esperadas del ciclo de conciertos FAR.

El proyecto formado por Marcos Crespo, aka Markusiano, se presentó con su banda alrededor de las 20:45hs ante un público no muy numeroso, pero sí muy fiel: Lo primero que llamó mi atención fue ver que quienes se agolpaban a la valla más cercana al escenario tenían en promedio 18 años y que eran ellos los encargados de cantar y saltar a los gritos, demostrando fascinación por canciones cuyas letras son, quizás, el punto de fuga de una generación.

Éxodo 32: 15-28”, “Estupefacientes”and“mala” fue la tríada para dar comienzo el concierto, que sonó potente desde el minuto uno. La elección del baterista de tener un set híbrido con cuerpos acústicos y optar por un redoblante electrónico, además de un pad de samples, resultó clave para que las bases sonaran tan potentes como en las grabaciones. Hay algo en ese sonido digital comprimido que le da el toque retro-futurista al ensamble, que además cuenta con guitarras envueltas en reverb/modulación y teclados que rozan una lisergia posmoderna.

Todo el sonido de la banda funcionaba de colchón seguro para el despliegue performático de Marcos, quien lucía su look casual sin pretensiones y se movía frenético por todo el escenario encarnando sus mensajes con decidida presencia.

Si bien sus melodías no serán quizás recordadas por la versatilidad o el desafío vocal, su fórmula compositiva funciona y tiene sentido: una base rítmica acelerada en diálogo con un bajo casi punk, guitarras con frases pegadizas y sintes voladores funcionan por el contraste bailable al contenido denso de la lírica.

Inspirado por la pandemia, las canciones de Depresión Sonora viajan por los sentimientos de desazón, soledad, la pérdida del futuro y el paso del tiempo. Todas atribuciones que, si bien nos afectan a los millennials también, es una herencia tortuosa para la generación que sigue; los y las juventudes que hoy ven que lo que se viene no tiene la mejor pinta y que las narrativas del mundo actual no los incluyen.

Poner en melodía, armonía y ritmo varias emociones es el primer paso para transformar. Reconocer lo que está aconteciendo para poder plantarse con esperanza y saber que unx no está solo. Así se sentía aquella noche en La Marina Norte, con ese núcleo adolescente del público festejando canción tras canción y el segundo anillo de espectadores de unos +30, acompañando con aprobación aquellos mensajes que se sienten como un poco de luz al final del túnel.

Quizás esta identificación transgeneracional tenga que ver con que la atmósfera post punk que reproduce la banda tiene algunas reminiscencias a la época dorada de Joy División o New Order y, un poco más hacia acá, a The Drums, con quienes vi varias similitudes. 

Para la mitad del concierto ya podíamos vivenciar una comunión de todo el público sin importar edad ni fanatismos, con picos altos de complicidad en las canciones “Veo Tan Adentro”, “Me Va La Vida En Esto”and“Domingo Químico”, quizás tres de las más festejadas de la noche.

La llegada de la oscuridad y la pérdida de luz solar le sentó más que bien a la propuesta, que contaba con un buen juego de luces y visuales, reforzando el concepto de encierro con estética de videojuegos, fragmentos vintage, texturas densas y hasta resonancias cerebrales. Aquello me dio a pensar que un concierto en una sala aumentaría la experiencia total del proyecto, que de todas maneras cumplió con creces al ofrecer un discurso osado que no se ve mucho por esta zona.

Debo hacer una mención especial para el tierno momento que se vivió cuando la banda empezó a tocar el feliz cumpleaños junto al público para la sorpresa del frontman, quien recibió una gigantografía fallera suya y agradeció el cariño de sus seguidores, para luego invitar a todos al movimiento diciendo: “¿Están listos para bailar hasta que llegue la muerte?” y desatar la euforia, que se mantuvo hasta el cierre con el hit “Gasolina y Mechero”.

Aquel gesto, ese momento de unión, de compañía, de amistad, fue a mis ojos doblemente significativo. No solo fue un instante de conexión entre un artista y su público, sino que fue un puente tendido entre un sector de la sociedad que no encuentra su lugar y alguien que -habiendo pasado por eso- regala un mensaje de esperanza: «Un mundo gigante, nosotros pequeños. Pero en serio, te juro que nos irá genial.» (Dónde Están mis Amigos)

Las palabras y el sonido de Depresión Sonora reverberarán allí donde haya espacio para la reflexión, el análisis y donde no haya tapujos para adentrarse en la oscuridad. Una oscuridad que merece ser nombrada, dejar de ser invisible y comenzar a ser una voz que guie el camino para muchos jóvenes -y no tan jóvenes-.

Depresión Sonora @ FAR Valencia (29/07/2026)

 Setlist

  1. Éxodo 32: 15-28
  2. estupefacientes
  3. mala
  4. Sin Volverme Loco
  5. Dónde Están mis Amigos
  6. Generación Perdida, Diversión Prohibida
  7. Hay Que Abandonar Este Lugar
  8. Veo tan Dentro
  9. Desordenarlo Todo
  10. Me Va la Vida en Esto
  11. Domingo Químico
  12. No te Hables Mal
  13. Cómo Será Vivir en el Campo
  14. Apocalipsis Virtual
  15. Hasta Que Llegue la Muerte
  16. Como todo el Mundo
  17. Fumando en mi Funeral
  18. Ya No Hay Verano
  19. La Ley del Pobre
  20. Gasolina y Mechero

Written by: Francisco Bernasconi // Photos:  Ayeray Tenaglia